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domingo, 16 de noviembre de 2014



LA CATÁSTROFE
 
Texto y fotos de O.G



Empezando una saga sobre el comienzo del fin del mundo, ofrecemos la interesante entrevista realizada al profesor Bruno Magíni, geógrafo reputado, físico y matemático, premio Musgo Real de España y ganador del codiciado título de Oburn de Suecia al estudio de las fatalidades. Igualmente autor de varias docenas de títulos, tanto en textos de estudio como monografías especializadas.


 

 
Llegamos a sus oficinas en la afueras de Roma. Es un centro de investigación austero pero amplio. A ser conducidos a su despacho atravesamos un enorme espacio en el cual trabaja un centenar de empleados sentados frente a computadoras y montañas de documentos. Mapas del planeta con señalamientos y gráficos gigantes decoran el lugar. El sitio se considera el tercer o el cuarto centro mundial de investigaciones sobre el recalentamiento global y el deterioro del planeta y es financiado por varias instituciones protectoras del medio ambiente. Sus análisis llegan semanalmente a los gobiernos de los principales países del mundo, así como a las Naciones Unidas y muchos centros especializados en la materia.

Luego de una breve espera en la recepción, el científico nos recibe con una amplia sonrisa que revela su carácter. Es un hombre grueso, de edad mediana. Cuando se sienta coloca sobre sus rodillas las manos gruesas de alquimista medieval y siempre mira intensamente. De rostro típicamente italiano, en él destaca una mirada amable pero que está cargada de una angustia indefinible; aunque trata de disimularlo en ella refleja lo que reseñan sus informes sobre la destrucción del planeta. Textos terribles, que después de ser leídos nos dejan la sensación de estar frente a un abismo sin salida, la quinta esencia misma del fatalismo. Al cerrarlos uno piensa que se está caminado sobre una cuerda floja que tiene rotos los dos extremos de sustentación.

Podríamos decir que a pesar de la gravedad de tema es una entrevista cómoda porque el científico es una persona abierta y locuaz que no oculta su pensamiento. Empezamos con una pregunta que tal vez debió haber sido la final:

 
 


 P: Profesor Mangini, si le pidiéramos que nos diga hacia dónde va el planeta ¿Cuál sería su respuesta más directa?

R: Hacia su fin inevitable. Le explico, luego de casi veinte años de seguimiento del proceso destructivo al que lo hemos estado sometiendo, hasta una persona de limitada capacidad científica llegaría a las mismas conclusiones. El fin de este planeta como lo conocimos ya es irreversible. Los factores que causaron la lamentable situación actual no solo siguen siendo iguales, sino que aumentan aceleradamente. A pesar de los tímidos intentos del pasado para detener el recalentamiento global, del Tratado de Kioto y el de Paris y de la Declaración de Matatá que celebraron en Etiopía los países más pobres del mundo, y las diferentes conferencias destinadas a reducir la contaminación planetaria, incluso hasta la reciente reunión del grupo de los ocho, el de los veinte y el de los llamados los tres parias: Irán, Venezuela y Corea, ya es muy tarde. El daño está hecho y esto se acabó.


P: ¿Porque manifiesta algo tan terrible con tanta seguridad?

R: Muy simple. La naturaleza posee un equilibro que no permite ser alterado sin graves consecuencias. Todo lo que existe lo es en base a una serie de combinaciones rígidas e inmodificables que ella desarrolla. Entre otras leyes -algunas completamente desconocidas para ciencia de nuestros días- están las que le permiten un proceso evolutivo- destructivo controlado, incluyendo algunos tan complejos como el que nos da la vida.

Pero cada vez que surge un factor artificial que rompe lo que yo llamo los puntos de estabilización natural, automáticamente surge la derivada que produce cambios de transformación en la materia. Estas van, de las muy simples e intrascendentes, a las muy fuertes y destructivas. El caso es que hemos creado factores de cambio de alta intensidad cuyas consecuencias también serán extremas, en espacial para la forma más frágil que existe en la naturaleza, que es la vida.


P: ¿Cuáles considera usted que han sido esas acciones?

R: Bueno, aun cuando colegas en otras áreas ha señalado como factores el crecimiento desmedido de la población, sistemas económicos y gobiernos inadecuados o el aumento en sí de la pobreza, la mayoría llevan es al colapso de estructuras sociales y las formas de relación humana conocidas, pero yo solo trabajo en el plano geográfico y natural. Soy un científico que solo analiza efectos físicos y consecuencias materiales, no las humanas. Mis proyecciones se orientan a lo que le espera al planeta tierra. Claro, el resultado puede ser que nos incumba, pero eso es cosa aparte.

 

 
 
P: ¿Pero en el fondo no es otra forma de ver el mismo problema?

R: Le voy a orientar someramente sobre mi ámbito de trabajo, pero fíjese bien como cada fenómeno estudiado tiene una consecuencia geofísica que a su vez suele producir otro fenómeno natural y de la suma de los efectos podrá deducir el grado de daño y transformación que se produce.

Sin extendernos a todas las consecuencias, tomemos algunos: el crecimiento de la población lleva a un aumento de la producción industrial, ella a un aumento de la temperatura del planeta, este aumento de temperatura lleva al efecto invernadero que significa sequías, deshielo de los cascos polares e inundaciones de las costas marítimas, y la llegada de estas condiciones está directamente relacionado a la desaparición de especies fundamentales en el ciclo alimenticio, a las pérdidas de cosechas, la desaparición de ciudades y una modificación de la fauna y flora del planeta que supone la expansión de enfermedades como la malaria, el dengue o la fiebre amarilla, cuyos vectores son ciertas especies de mosquitos que habitan principalmente en zonas tropicales.

Tomemos otra, las talas y quemas masificadas y la acción de los elefantes que producen la desertificación de algunos continentes, esta desertificación lleva a la desaparición de las fuentes de agua y sequías generalizadas, las que a su vez producen los cambios climáticos extremos que estamos viendo.

P: Se observa que la mayoría de esto daños tienen como causa principal la conducta del hombre, en especial el aumento del crecimiento poblacional y el desarrollo.

R: Si, pero para mí no tiene trascendencia que sea el crecimiento poblacional o el desarrollo, en definitiva esto solo incide en el atraso o adelanto de la fecha de llegada al punto crítico de ruptura que va a ser fatal para la especie, sino que hay cosas tan o más graves y exclusivamente de naturaleza geofísica.

P: Por ejemplo.

R: Está comprobado el alejamiento de la luna de la tierra a medida de que la masa de la primera está variando con lo cual cada vez se está creando una órbita más lejana del planeta, Esto se sabe que tendrá un efecto catastrófico en las mareas, y en otras fenómenos naturales que nos volverán un planeta muerto. Sume a ello las condiciones reales del sol, sea por el peligro de perdida de calor y congelamiento del planeta, o por el aumento de su actividad que nos llevaría a temperaturas de calcinamiento. 


 

P: O sea ¿Qué usted también ve peligro en el sol?

Claro. A pesar de todos los estudios hechos por la comunidad científica, actualmente se desconoce totalmente cuales son las reservas de gas que le mantienen encendido y por ende lo que ocurre en su interior. Así que los efectos catastróficos igual pueden darse en un billón de años que en tres semanas.

En apoyo a mi teoría del peligro solar, le menciono la opinión del profesor Sami Solanki, director del Instituto Max Plank en Göttinguen, quien determinó que actualmente el sol se encuentra en su punto más álgido de actividad de los últimos 60 años, y podría estar afectando a las temperaturas globales a su alrededor. Por otro lado el próximo ciclo solar 24, unido al debilitamiento del campo magnético terrestre, que ya sobrepasa el 10% debe traer severas consecuencias para la Tierra.

 

P: ¿Y ello a que se debe?

Le explico: La magnetosfera es una burbuja de magnetismo que nos envuelve y protege contra los vientos solares. Este magnetismo desvía la mayoría de las partículas cargadas procedentes del Sol y hace que sigan un trayecto circular alrededor de la Tierra gracias al campo magnético que absorbe el impacto. Es lo que llamamos la tormenta geomagnética.

El caso es que hay algo preocupante: nuestro campo magnético lleva 2000 años en continuo debilitamiento y este debilitamiento se acelera cada vez más. De hecho, los mapas aeronáuticos del mundo empleados para aterrizar los aviones con el piloto automático han tenido que ser revisados debido a errores en la medición provocados por este debilitamiento magnético.

Los investigadores que estudiaron las brechas del campo magnético terrestre descubrieron que el escudo protector de la Tierra recibe un viento solar 20 veces superior a lo habitual cuando los campos magnéticos se encuentran alineados. Esta alineación se producirá en el ciclo solar 24, cuyo pico más alto ocurrió entre 2012 y 2013. Los últimos cálculos apuntan a mayo de 2015, casualmente cercano a la predicción Maya del fin del mundo.

 P: ¿Y cree usted en esas predicciones sobre el fin del mundo?

R: No particularmente, pero suelen darse con una asombrosa precisión.
 
P: Fuera del peligro solar ve otros riesgos físicos externos?
R: Claro, está el riesgo del impacto de un objeto cercano a la Tierra. Es verdad que para que nos afecte este tendría que ser de alrededor 1,5 kilómetros de ancho o mayor. Lo malo es que un acontecimiento de este tipo se da cada millón de años aproximadamente y ya pasó más de ese tiempo desde que ocurrió último conocido.
Si llegare a ocurrir se producirá una cantidad enorme de polvo en la atmósfera que podría apagar la luz solar durante semanas afectando a la vida de las plantas y las cosechas que sustentan la vida, además que habrá tormentas de fuego por la reentrada de fragmentos calientes y lo peor, una lluvia ácida asesina.
P: ¿Aunque lo que ha dicho ya es bastante preocupante, todavía piensa que hay otros riesgos?

R También está el riesgo de un supervolcán, cuyo daño depende de dónde se produzca y cuánto tiempo tape la atmósfera el gas que emita. No olvidemos el Taupo, en Nueva Zelanda, que fue el supervolcán más reciente, hace 26.500 años y el Toba, en Sumatra, Indonesia, hace 74.000 años. Ambos inyectaron gases tóxicos en ambos hemisferios y los datos demuestran que las temperaturas bajaron dramáticamente durante los cinco o seis años siguientes helando los trópicos.
Un supervolcán es 12 veces más probable que el impacto con un meteorito grande, que también existe, pero solo con un 0,15% de probabilidad de que suceda en nuestra vida. Prefiero no hablarle del hueco negro que se aproxima aceleradamente a nuestra galaxia y los datos que tenemos de dicha posibilidad, porque me temo que allí si se va a poner usted nervioso.  Junto a él, están las tormentas atómicas.  Monstruosas tempestades de velocidad y dimensión nunca vista, que arrasaran las zonas por donde pasan y que ya han estado en su rutina geográfica. 
Acuérdese de mi por las que ya se acercan.