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sábado, 24 de octubre de 2015


EL  GRAN JOEL
 
 
Texto y foto O. Gomas. Archivo

 


 
 
  
 

A todos aquellos seres de buena voluntad

 que saben encontrar los méritos ocultos de sus superiores.

 

 
Aquel siete de Marzo, en una mañana decisiva en la existencia de Joel Nepomuceno Auriga, el pequeño individuo de rostro insulso y mirada indefinible se enfrentó con firmeza al gastado espejo que le dejó su madre. Viendo su rostro entrelazado a los martirios lejanos incrustados en el vidrio, se hizo una pregunta que tenía como destinatario oculto a lo mejor de su conciencia.

Aunque para muchos tal vez era una interrogación que no dejaba estelas, para él tenía la jerarquía de los grandes momentos de la historia, porque la respuesta que se diera habría de señalarle el camino a tomar en las confusas bifurcaciones de la vida.

Así, conteniendo la respiración, se interrogó: ¿Adulo sutilmente al jefe y disimulo un poco la alabanza? ¿O me lanzó completo y sin descaro, para no asumir el riesgo de perder su ayuda? ¿Lo hago sentir ultra contento? ¿O vivo en los brazos repugnantes de la angustia?

Treinta y tres segundos más tarde, el breve tiempo en que la larva madura del mosquito se torna en amenaza voladora, fueron suficientes para que se diera a sí mismo la respuesta. Sin pensarlo mucho dictó una auto sentencia inapelable. Una orden a favor de la inclinación de su cuerpo y su cabeza frente a quien era su conductor supremo. Con ella vislumbraba mucho dinero en el futuro, ascensos laborales,  prerrogativas, viajes largos y lejanos, poder, y sobre todo, fuera del regocijo de expresar su admiración, también estaba el placer por la envidia de algunos compañeros porque el jefe lo despreciara en público.

Una hora más tarde de haber tomado aquella decisión trascendental, se inició en los ejercicios que le permitirían llevar a cabo el plan que se había programado.

 Uno siempre se preguntará  ¿Fue una gimnasia calculada mucho antes? ¿Sería un producto fatal de sus genes desbordados? ¿O más bien un arrebato que se le escapó del  corazón? No es fácil saberlo con hombres como Joel Nepomuceno Auriga.  Lo cierto es que allí mismo empezó a practicar lo que sería su rutina diaria, desde un acto público organizado para esa tarde, hasta el día en que la necesidad le recomendara mirar para otros lados.

Primero decidió perfeccionar la inclinación del torso y la cabeza echando un pie hacia atrás, en la media danza con la cual la plebe reconoce al noble su majestad suprema. Se Inspiró con el recuerdo de películas sobre viejos reyes y las salutaciones con caída que le dan a los príncipes de España, sin olvidar los desplomes fervorosos frente la pompa isabelina. Veinte veces practicó los derrumbes respetuosos quebrando el brazo y la mano abierta frente al deteriorado espejo.

Descansó un poco y luego empezó a curtirse en el arte de dar cariño a los zapatos. Usó varios propios y babuchas de distintas marcas, y con el sentimiento de naturalidad  que siempre le inundó el espíritu, se inició arrodillándose varias veces mientras pasaba la lengua por la parte de abajo del calzado.

Al principio sintió un breve desagrado por el sabor a tierra y tantas inmundicias, pero rápidamente superó aquel estado pasajero y siguió limpiando con la temblorosa, no solo lo de abajo sino los lados y la parte superior de las chancletas.

Terminado aquel ejercicio, prestó su alma a la fe del profeta, porque imitando el gesto de sus creyentes lograba a la perfección los tres pasos que conforman el momento más alto de la admiración sublime: el arrodillado sin titubeos, la inclinación completa con la cabeza tocando al suelo y el alargamiento extremo de los brazos en un gesto de alta reverencia.

Tres horas invocó los favores de aquel dios prestado, y luego de practicar el lavado de pies con agua inspirándose en los grandes Papas, concluyó con el abrazado fuerte de tobillos para pedir los ruegos.

 Se reposó, pero reinició la acción componiendo frases que esa tarde fueran del agrado de su destinatario. Sentado y en voz alta repitió en tono pegajoso algunas alabanzas que se le vinieron a la mente:

- Mi señor, dijo- si en un breve instante mis sueños enmarañan el fervor que le profeso, que mis asquerosos días se vuelvan pesadilla para siempre.

Probó una más contundente:

-Salve, Oh, amo, y perdone si algún día hubiere dudado de sus promesas, y martirice como guste a mi alma enferma por no saber apreciar la gloria alabastra que adorna sus  mensajes. 

A los pocos segundos comparó la frase con otra que le pareció más dulce:

-Usted, venerado guía, que todo lo sabe, que todo lo puede, que a todos ayuda, por favor no muera nunca, porque en ese instante todos moriremos de tristeza.

Ya más contento, para terminar improvisó con versos medio cojos:

 
Admirado compatriota,

único dios que queda

de los dioses del desquite,

amárrese bien al coroto,

no sea que un venga un loco

y el  mismo día se lo quite.

 

Sonrió feliz, se puso la chaqueta guardando unos guantes por si había que jalar en vivo y se fue para el acto programado.

Lo que no sabía el pobre Joel, es que para el día de aquella gran jalada su querido presidente ya había empezado a desplomarse.
 
 
 
 

domingo, 18 de octubre de 2015


                             ESPEJISMOS

 

Texto y fotos: Otrova Gomas. Archivo

 

 


  

 

                LOS CAZADORES DE ESPEJOS

 

 

Son almas furtivas que actúan solas y en secreto. Se encuentran en cualquier lugar, por todos los rincones y en todos los países, en las grandes ciudades, en los pequeños pueblos o en cualquier recoveco del camino.  Carecen de patria o nacionalidad porque solo son eso, cazadores de espejos, seres que no pueden ver una superficie que refleje su imagen porque en el acto le fijan la mirada para observarse en ella.

¿Porque lo hacen? ¿Es la necesidad de constatar lo efímero de su presencia por el mundo? ¿Es hambre de reafirmar un yo confuso e impreciso?  ¿Inseguridad extrema por apariencias físicas postizas?  ¿Dudas en el peinado rebelde que con tanto esfuerzo lograron a toda prisa en la mañana?  ¿Egolatría innata? o ¿Serán dudas de que se es tan feo como son o tan hermosos como creen? ¿Serán habitantes de otro planeta que disfrutan de su apariencia nueva en un planeta poblado de dementes?

Misterio. Enigma profundo. Confusa conducta narcisista, pero una realidad algo cierto que solo percibimos los que vivimos de observar la conducta ajena, quienes estando cerca de algún espejo se pone a detallar a los caminantes que le pasan por el frente.

Los cazadores de espejo difieren de sus congéneres normales, aquellos que todas las mañanas observan su rostro por un momento frente al de su casa, cuando se peinan  o se acicalan brevemente antes de salir para el trabajo.  En los adictos el tiempo de la observación se multiplica y la repetición del acto en lugar de aburrirles les deleita. Mirar su imagen en cualquier medio refractario, no solo se limita a observarse sino que es causa de una profunda  comunión consigo mismo. Es intimarse, castigarse o premiarse,  pero un momento de delirio en que la euforia que les produce mirarse es tanta que dejan a un lado todo lo que les rodea.

No se podría decir que es una muestra de desequilibrio mental  porque muchos de los cazadores de espejos son seres cabales en extremo, personas de bien, trabajadores insignes o figuras importantes que cuando se ven reflejados también se detienen, se sonríen consigo mismo, cambian los gestos de la cara o hacen movimientos extraños ajustando la postura. 

Lo que es cierto es que en todos ellos la capacidad de búsqueda del objeto de reflejo es igual de ilimitada. No se conforman con mirarse largamente en casa, sino que cuando caminan se mudan de cuadra para observarse en el de las tiendas, el de  las ventanas de los carros, en los ascensores, en las vallas cristalinas, o la puerta de vidrio de una construcción que permita reflejar su imagen, igual que a cada momento se dirigen a los baños públicos para retomar la auto conversación silenciosa que dejaron detenida en la mañana. No hay límites en los medios,  también se miran en los mini lagos de las fuentes o en los pequeños pozos de los ríos, en los objetos refractarios, los lentes oscuros de quien les pregunta algo, e incluso, hay casos desesperados en los que los cazadores de espejo se quedan mirando profundamente los ojos de las personas que les hablan solo para ver cómo se reflejan.

En muchas mujeres coquetas el dramatismo del vicio se vuelve extremo. A cada encuentro con una superficie azogada hacen un ajuste total de su apariencia, sea un cambio de peinado, una retocada de la máscara que se ponen cada día o comienza un quita y pon indeciso de las prendas. El arquetipo esclavo de la belleza que la sociedad ha creado para ellas las vuelve aún más esclavizadas.

Pero lamentablemente para los caza espejos hay un lugar en donde sufren un terrible golpe: es en aquellos circos y en todo lugar en donde hay un espejo deformante. Allí se impactan. Se paralizan por aquel encuentro indeseado y la repugnancia toma sabor amargo al desnaturalizarse lo que pudo haber sido un momento de placer. Cuando están enfrente a su imagen degenerada, en el acto se retiran mirando con disimulo hacia otra parte.

 

  

REFLEJOS
 
 
 

 

Aquel espejo era tan, pero tan flojo, que aprovechando que la gente cuando se mira frente a ellos solo se concentra en su figura, nunca mostraba completas todo lo que le rodeaba.

 

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Era un espejo macabro, tan macabro que cuando alguien se miraba en él solo les hacía ver la figura de su calavera.

 

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Ya están en el mercado espejos terribles con un chip que muestra tres imágenes del observador, una como era joven, una como es ahora y una como se verá dentro de diez años.

 

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Un espejo tan honesto que cuando frente a él se encuentra un degenerado solo expone por un segundo la imagen de un pipote de basura.

 

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 Aquel hombre era tan feo, pero tan feo, que cada vez que se miraba en los espejos, estos por conmiseración se negaban a mostrarlo.

 

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Los últimos avances en la física han determinado que un espejo nunca logra reflejarnos exactamente como somos, si nos ponemos a detallar minuciosamente nuestra cara frente a cualquiera de ellos, podemos ver fallas del rostro que no existen y constatar que nunca muestran la totalidad de las gracias que tenemos.

 

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Era un espejo bromista, no mostraba ningún barrito en la cara de los adolescentes, pero los guardaba en su memoria y se los ponía a los mayores cuando se arreglaban para una reunión importante.

 

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Hay espejos que si uno se mira en ellos en la noche solo descubren los aspectos oscuros de lo que ha sido nuestra vida.

 

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La mayoría de los espejos son previsivos,  si alguien les pregunta quién es la persona más bella de este mundo, prefieren guardar silencio por el temor de que los quiebren.

 

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En la casa de Iris Varela están prohibidos los espejos, la Ministra solo les permite a sus aduladores que le cuenten como es ella.

 

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Los espejos son pedantes Si se pone a un espejo frente a otro espejo empiezan verse entre ellos y arreglarse.