Reedición digital.
Primera
edición:1978.
Edición den papel de
aluminio: 2023
Ilustración: Luis Dominguez Salazar.
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Cuenta Prost, sabio en huelga permanente, que cuando
los legisladores de la Confederación de Ratania aprobaron un decreto que
obligaba a los jefes de estado, a los generales y a todo el estado mayor a
combatir al lado de la tropa en los campos de batalla, misteriosamente se
acabaron las guerras.
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Escribe Jois, el domador de esponjas que, a los
efectos de evitar el desperdicio de fuerzas inútiles, los reinos de la cultura
de Mastronia sólo enviaban a la guerra a los ancianos, a los inválidos y a sus
enfermos incurables.
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Reseña Mut, engendro de monja con rabino, que en el
año 2.999, después de la décima guerra mundial, las potencias en pugna,
comprobando los grandes beneficios y la prosperidad que había logrado Suiza con
su actitud neutral dejaron de pelear entre ellas y se unieron para saquearla
conjuntamente.
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Asevera Koilú, presidente de la Asociación de focas
huérfanas, que las firmas de los tratados de paz de Ginebra se hacen con tinta
invisible.
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Indica Yut, traficante de madres, que en el reino de
las Amazonas nunca estalló una guerra debido a que por estar arreglándose el
peinado antes del combate, las guerreras siempre llegaban tarde al campo de
batalla.
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Sostiene Sacabalarin, clasificador de ideas
confusas, que las guerras se hicieron imposibles cuando cada adversario optó
por la técnica de camuflarse tan perfectamente parecido al enemigo, que nadie
sabía con quien estaba peleando.
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Insinúa Orfo, el legislador anarquista del Vieran,
que el perfeccionamiento de una bomba sólo-destruye-cosas acabaría para siempre
con las guerras, debido a que los dos bandos perderían el objetivo principal de
la contienda.
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Asegura Mosmor, embalsamador de amibas, que ninguna
guerra fue realmente ganada por uno de los bandos, ya que a los 80 años a más
tardar murieron todos los contendientes.
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Demuestra Propágoras, recuperador de años perdidos,
que para neutralizar las bombas de hidrógeno basta hacerles estallar bombas de
oxígeno en proporción de dos a una, con lo cual todas quedan convertidas en
agua.

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