UN MENDIGO DIFÍCIL
De “EL HOMBRE MAS MALO DEL MUNDO”.
Reedición digital.
Primera edición:1978.
Edición en papel de aluminio: 2023
Ilustración: Luis Dominguez Salazar
- Deme una limosna, señor.
-
Deje ver si cargo sencillo, buen hombre, porque creo que no tengo.
-
¿Y quién le ha pedido sencillo? ¿Qué se cree Ud. que soy yo?
-
Bueno perdóneme, pero es que no tengo...
-
¿Cómo que no tiene? ¡Revise! Algo debe tener.
-
Caramba señor, excúseme pero sólo tengo este medio, tómelo.
-
¿Un medio? ¿Pero qué se ha pensado usted? Está muy equivocado si cree
que me va a sobornar.
-
Pero si yo no le he tratado de sobornar... Yo no he hecho nada.
-
¿Cómo que no ha hecho nada? ¿Usted piensa que me voy a quedar callado
con un medio asqueroso? En veinte años que tengo pidiendo, jamás me insultaron
de esta manera. Su actitud es desvergonzada y humillante. Un hombre que en
plena época de inflación da un medio debe tener algo muy sucio en ese corazón.
Así no se ofende a un mendigo, se lo diré a todo el mundo: ¡Este hombre me dio
un medio! ¡Este hombre me dio un medio!...
-
Sssss, baje la voz yo no quise hacerle mal, pero es que no tengo...
-
Muéstreme la cartera, no crea que me va a engañar como a un ciego.
-
Bueno, si insiste...
-
Claro que insisto; es un derecho; si usted dice que no tiene,
pruébelo.
-
Está bien, pero baje la voz. Mire...
-
¿Qué es eso?
-
Es una moneda chilena, no vale nada, es recuerdo de un viaje.
-
¡Deme acá!... ¿Y eso?
-
Es mi cédula.
-
Déjeme verla, a lo mejor la cédula es falsa y me enredo por usted.
-
¿Ya la vio?
-
Sí, coja su porquería, yo no acepto cédulas... ¿Y eso allí doblado?
¿No es un billete de a 10 bolívares?
-
Sí, pero eso no... no.
-
¿Le falta coraje para darme diez bolívares, verdad?
-
Bueno le confieso que sí, yo soy un hombre pobre y eso lo tengo
guardado desde hace mucho tiempo.
-
¿Pobre? vamos a ver, ¿cuánto gana?
-
600 bolívares mensuales.
-
¿600 bolívares y no se atreve a darme 10? ¡Desgraciado! ¡Inmundo!
¡Muerto de hambre!
-
Sssss...por favor, está bien, cójaselos.
-
No me mande a callar porque no cojo nada.
-
Bueno, disculpe, pero debo irme...
-
¿Y no me va a dar más nada de limosna?
-
Pero es que no tengo más, señor...
-
¿Y ese anillo?
-
¡Ah, no, eso no! ese es el de mi matrimonio, y tiene para mí un gran
valor sentimental.
-
¿Y a mí qué me importan sus sentimientos? ¿Cree usted que un mendigo
podría vivir si aceptara que cualquier idiota le negara algo alegando valor
sentimental? ¡Quédese con el sentimiento y deme el anillo de limosna!
¡Hipócrita! ¡Foca! ¡Hurón!
-
Sssss, pero señor...
-
Mi limosna o lo digo todo.
-
Bueno, quédeselo, pero yo me voy...
- Sí, váyase, no quiero verlo por aquí; hombres como usted humillan la
institución de la caridad; lárguese, que se lo diré a todos los mendigos del
barrio...
-
Bueno, está bien, perdone... perdone...

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